miércoles, 15 de septiembre de 2010

Dinero, dinero, dinero...


Me levanto por la mañana a las seis y media y empiezan a hacer caja.

Enciendo la luz, me ducho, me preparo el desayuno y al salir por la puerta un clinc metálico, agudo, que sin duda proviene de la caja registradora de Endesa, Gas Natural y Aigües de Terrassa me desea buenos días.

Voy a coger el tren, paso la tarjeta por la validadora, 2,95€ sale el viaje de ida al trabajo, cuando la recojo vuelvo a oír ese sonido metálico saliendo a la vez que mi ticket de la máquina, de los Ferrocarriles de la Generalitat.

Me bajo en la estación de Provenza, en la escalera está sentado el mismo hombre de casi todos los días, un señor de unos cincuenta y largos que pide a gritos, sin mirar a nadie, una moneda: “Tinc gana, vui menjar!”. Me llevo la mano al bolsillo, encuentro veinte céntimos, se los pongo en la mano y enseguida los esconde en un vaso de plástico que guarda entre su espalda y la pared. Vuelve a extender la mano vacía sin nisiquiera reparar en mi presencia.

Llegando a Passeig de Gràcia hay dos personas más pidiendo, esquivo sus miradas y pienso que lo siento, que no tengo suficientes monedas para todos, todos los días. También pienso en que no debería ser yo, ni ninguno de los que vamos a trabajar cada mañana, los que les demos el poco dinero que tienen.

Entro en el trabajo. No tengo descanso para el desayuno así que a media mañana voy en un minuto a comprarme una chocolatina a la máquina de la cafetería, espero aguantar la mañana con ella, hasta las 14:00 hrs., cuando vaya a comer. La pequeña barrita de cereales y chocolate que escojo cuesta 0,70€, lo encuentro excesivo pero todo sea por no marearme de hambre.

A las 14:00 hrs. salgo para comer y me aborda una chica por la calle, “solo serán dos minutos” me dice, y acaban siendo quince. Su discurso se centra en que le dé mis datos personales y mi número de cuenta para que puedan pasarme un recibo de diez euros con los que ayudaré a un campo de refugiados. Yo le explico que la causa es muy loable pero que en casa ya colaboramos con dos ONGs y que en estos momentos no podemos ampliar la cuota mensual que destinamos a estos fines. Ella me dice que igualmente, son sólo 10€.

En ese momento me dan ganas de decirle que yo no trabajo para acabar donando mi sueldo íntegro a las diversas ONGs que hay en el mundo, ya que si no acabaría yo necesitando de ellas. Pero me callo, le digo simplemente que no, y me voy corriendo porque ya llego tarde a disfrutar de mi hora de la comida.

Anoche no tuvimos tiempo de hacer tupper, así que nos vamos a comer de menú. Son 10,90€, “ha aumentado por la subida del I.V.A”, nos dicen. Hemos comido bien, pero no ha dejado de ser un menú sencillo de Bar Pepe.

Vuelvo al trabajo, recibo un par de llamadas preguntándome por pagarés, “lo siento”, les digo “eso no lo llevo yo, no sé nada del pago de sus facturas”. Y es que yo sólo soy una recepcionista.

Dinero, dinero, dinero.

Al salir, vuelta a pagar en el tren, otros 2,95€.

Dinero, dinero, dinero.

Llego a casa, factura del móvil e internet de Vodafone. La miro y aunque creo que no he gastado demasiado, el total para mi gusto sube mucho. El truco está en la línea de Otros Conceptos, abstractísimo apartado que se dispara como la espuma y que en mi opinión no queda del todo bien detallado. Como calculo que las llamadas al servicio de atención al cliente (de tarificación especial, tiene tela) me saldrían por otro ojo de la cara, decido quedarme como estoy.

Money, money.

Llega la hora de la cena. Descubrimos que no tenemos nada en la nevera porque no hemos tenido tiempo de ir a comprar. Solución, ¿pedimos una pizza?, ok, 20€ más.

Dinero. Dinero. Dinero.

Al fin, a las doce apagamos por fin la luz y nos vamos a la cama. Creo que es el único momento del día en que no oigo el clinc recaudador a mi alrededor.

Mientras intento dormirme me doy cuenta de que esta sociedad sólo quiere de mí el poco dinero de mileurista que tengo y realmente es una lástima, con todo lo bueno que tengo para ofrecer...

MC.

6 comentarios:

Marcos dijo...

Iba a poner algo positivo… pero no se me ocurre nada. Yo ahora pienso en lo bien que vivía con mi madre y lo poco que ahorré (pudiendo hacerlo). Mecachis.

Raoh dijo...

Como en la novela de Ubik, llegará un día que habrá una ranura en la puerta de tu casa para pagar al entrar y salir de tu casa.

Lady L dijo...

Una perfecta descripición de la vida en esta sociedad...así es y así se lo hemos contado. Forma parte del lado malo del cristal...el lado bueno? Has podido ofrecer al mundo algo de todo aquello que tienes dentro...puedes quejarte y sentirte apoyada y por supuesto...puedes seguir publicando, creando y preparándote para ese cambio que está por llegar!

Dentro de la sociedad hay gente que espera todo lo bueno que tienes :)

L.

R y Mc dijo...

Sí, si nos ponemos a mirarlo, la verdad es como decís Marcos y Raoh, bastante deprimente. A veces dan ganas de tener un día de furia...
¡Muchas gracias lady L.!, a partir de ahora intentaré mirar más amenudo por el lado bueno del cristal ;-).

MC.

Jose dijo...

Da que pensar, sin duda...

chokolaholik dijo...

Ojalá las monedas fueran de chocolate. Así no me podría desprender de un solo euro... xD xD xD