lunes, 5 de noviembre de 2007

¿Escuelas de arte?

Buenas tardes,

Me llamo MC y soy grafista publicitaria, o a efectos cotidianos, diseñadora gráfica. Me considero simplemente correcta en los trabajos que realizo (no son para echar cohetes, tampoco lo peor que se ha visto) y la mayor parte del tiempo desmotivada para hacerlos. Sí, me costó sacarme el título. Confieso que mi interés personal fue disminuyendo con cada curso que pasaba en la escuela de arte en la que estudié. En parte gracias a la labor de parte del profesorado (pésimos tutores de proyecto y tipografía), en parte a aquellos bancos hipermodernos y cojos en los que me dejé pequeños trocitos de cerebro cada vez que me senté (qué cabezazos dios mío...). Los dos han influido negativamente en la diseñadora que soy.

El caso es que aquella escuela me parecía un hospital. Asépticamente rara. Era y es una escuela en un edificio moderno, diseñada según me dijo uno de los profesores por profesionales expertos en interiorismo que sugirieron desde el tono de las luces, el color de las paredes y la distribución de las mesas hasta el material de los suelos, para confeccionar un espacio donde la mente se sintiera libre y a gusto para crear... qué bonito... pero a mi me seguía pareciendo un hospital. Y así se lo dije. Y no me supo quitar la razón.

Recuerdo que colgábamos posters y fotos en la sala de proyectos común sobre aquella pared inmaculada, intentando humanizarla un poco. Recuerdo aquellas mesas infinitas y blancas, frías, donde cualquier mancha de pintura delataba mi poca mano con las acuarelas. Recuerdo aquellos ventanales enormes que, sin embargo, poco dejaban ver de la calle.

Pero también recuerdo una bobina de papel, en la clase de dibujo, llena de garabatos y colores, como una pequeña isla donde el blanco no era bienvenido.

Qué edificio tan extraño. Lleno de cabezas llenas de colores y formas, llenas de potencial, queriendo sacarlo, queriendo plasmarlo en lienzos, papeles, pizarras... y qué paredes tan inmaculadas, qué luces tan amarillentas, qué espacios tan fríos, tan llenos de nada, sin dejar espacio para nada.

Si no llega a ser porque nosotros mismos, un pequeño grupo de alumnos y amigos, supo sacar partido con sentido común y una buena dosis de humor a las clases de fotografía de última hora, a ciertas tardes infinitas y aburridas en proyectos, a las inspiradoras clases de Jordi Alberich y a las críticas, maliciosas en muchos casos, de nuestro otro grupo de 'compañeros', me hubiera pasado los cuatro cursos en la U.C.I. de aquel hospital.

Ellos son los que han influido más positivamente en la diseñadora que soy. Y eso es en lo que pienso cuando me preguntan donde estudié.

¿En qué piensas tú?

MC.

15 comentarios:

Lady L dijo...

La mayoría de las veces, no es el sitio, sino con quién compartes ese sitio y quienes van contigo, lo verdaderamente importante. Son los que te aportan lo que sabes, los que te enseñan y los que te ayudan a seguir aprendiendo.

Por tanto, a la vista está que de tus años en la UCI, has ganado buenas amistades, buenos compañeros, y ellos son tus maestros, igual que seguramente tú para ellos.

En lo que respecta al diseño de interiores, y ambientes, estudiados al detalle, depende mucho de la subjetividad de cada uno, y de cómo se aplique la teoría que se conoce. Está claro que no han cumplido su objetivo, puede que lo hubieran hecho, si en lugar de estudiarlo todo tanto, lo hubieran sentido más como verdaderos creadores, que, según lo que yo entiendo, por arte, es de lo que se trata. De sentirlo y plasmarlo como lo sientas, una vez lo hayas hecho si el resultado no es por sí mismo sublime, aplicarás la teoría que has aprendido, para mejorarlo, ¿no?

A lo mejor es que nos hemos vuelto locos, con tanto lerele y poco larala!!

Sin duda, yo creo que tu creatividad no se ha visto mermada, nunca dejes que se quede estancada, Mc!!

Biquiños,

L.

SkiZ.o dijo...

Buenas noches,

Me llamo MC, alias SKZ. También soy diseñadora gráfica, o a efectos cotidianos, maquetadora.

Cuando me preguntan en qué escuela estudié, pienso inmediatamente en las mesas destrozadas, llenas de pintura, garabatos y hendidos, en las cuales no se podía dibujar una sola línea recta. En las taquillas viejas y destartaladas, en las cuales poner un candado era una acción meramente testimonial. En el olor a aguarrás que emanaban casi todas las aulas, como si de un vapor alucinógeno echado por alguna extraña mente dominadora se tratase. En los huesos de esqueleto de la sala C.S.I de dibujo al natural. En el cuarto oscuro. En los sótanos polvorientos e insalubres donde habitaban antiquísimos sistemas de producción accionados por poleas y complejos engranajes... aún no habían llegado los ordenadores.

Pienso también en el bar, el maravilloso bar... 20 metros cuadrados donde hacían los mejores bocadillos y platos combinados en quilómetros a la redonda.

Intento no pensar en muchos profesores y "compañeros" de la especialidad de Diseño, que no me aportaron absolutamente nada. A Diseño íbamos todos a demostrar lo que sabíamos, pero no a aprender.

Por supuesto, me llevé muchísimas cosas de asignaturas de otras especialidades. Eso no quiere decir que robara, aunque choriceo había mucho. Bueno, y si alguien se deja la caja de carboncillos tirada por ahí y nadie los quiere... pues los adoptas.

También recuerdo que aquello era una invasión de pijos encubiertos. Tenías que vestir como un artista, con muchos euros encima, sino no eras artista, o tu obra no despertaba el interés de nadie.

Digna de mención era la tristeza de mis compañeros de Pintura, que se habían metido allí con la mayor de las ilusiones, y al final no había nada de nada. El sentimiento de hallarse desubicado era una constante en mi escuela. Una sensación muy agridulce.

Un fantástico post, MC, me has hecho viajar en el DeLorean al pasado, y ahora hasta parezco más joven... :D

tzesire dijo...

no obtuve gran cosa de mi primera carrera. fueron años para olvidar, donde rescataría a un par de personas.
y ahora, sabedora de que estudiar tiende a no servir para nada, vuelvo a embarcarme por mi cuenta en otra carrera. Y en 5 semanas ya he conocido la suficiente gente y he tenido experiencias educativas que han hecho que valga la pena.
nunca se sabe. atesora los buenos recuerdos y pasa a una nueva hoja, sí, blanca, provocativamente inmaculada, y ahora tienes toda la paleta de colores para darle vida.

R & Mc dijo...

¡Qué buenos comentarios de todas vosotras! Y qué perspectiva más diferente entre Skiz.o y Mc. Naturalmente, yo estudié con Mc así que mi punto de vista es similar. Supuestamente era una escuela de arte y diseño, pero está claro que la dirección de aquel momento quería dejar claro que allí lo del arte era algo minoritario y sin importancia (para los frikis o los bohemios). Allí se estudiaba DISEÑO. Y era una escuela hecha a medida para ello. A mi me parecía bonita. Limpia, moderna, espaciosa... sí, algo aséptica. Un tanto fría, en ocasiones. Destilaba un cierto rigor. El factor profesorado y demás era otra historia. Cabe destacar también la diferencia abismal entre los estudiantes de diseño gráfico y los de diseño industrial o de interiores. Mientras que los de gráfico éramos más soñadores, indiscutiblemente más freaks y en cierta manera dados a la experimentación, los interioristas eran una panda de pijos, posiblemente buenas personas, que llegaban a clase con guantes y maletín (esto es verídico en algunos casos). En definitiva, grandes experiencias en 4 años, sin duda. Algunas mejores que otras. Lo que tengo claro es que aprendí, sobretodo, de todos mis compañeros de clase. El factor personal era importante. Sólo así se explicaba la diferencia de nivel entre estudiantes de iguales promociones. Esto se apreciaba en las generaciones que vinieron detrás de nosotros, en las que algunos tenían un nivel simplemente profesional, mientras que otros eran patéticos. Y habiendo recibido las mismas clases, habiendo tenido los mismos profesores y habiendo realizado los mismo proyectos. Resumiendo, la dedicación personal era el factor definitivo. Pero quizás me he desviado demasiado del tema.

R.

jetsan dijo...

Yo estudie en la Llotja. En un edificio de construcción nueva (de obra vista), las clases estaban pintadas de color mmm.. mostaza-crema, y a mi me parecían espaciosas, limpias y el color las humanizaba.
Yo había hecho un año de bellas artes, donde conocí a buenos colegas y me lo pasé bien, pero la universidad estaba llena de gente que en 15 días se creía artistas y ese rollo no me va nada.
El primer año en la Llotja coincidí con gente con la que no tenía nada que ver y no me integré... me daba igual porque me iba a la mili. Después de la mili, ya me hice con un grupo guay, y pasé 3 años de los que no guardo ni un mal recuerdo.
Aprender se aprende de todos los sitios y de todo el mundo. Decir que aprendí de mis compañeros y de mis profesores no sería más falso que un juramento del Acebes

J

Mr. J dijo...

Buenas me llamo Mr. J y cuando me preguntas donde estudié...

Mis mejores recuerdos de la época estudiantil son precisamente los correspondientes a las infinitas partidas de futbolín en la cafetería del instituto, o a las sesiones de tomar el sol en la playa en las horas de clase o a las partidas de rol que nos pegábamos EN clase. Digamos que Hospitalet no es un sitio demasiado bonito para estudiar nada, al menos en cuanto a enseñanza pública se refiere.

Nos juntamos un panda de "amigos inseparables" que duró casi 2 años, los cuales teníamos inquietudes similares, como bien decís, ganas de expresar cosas, de innovar, de hacer algo bien hecho, pero por desgracia, la mayoría de profesores que teníamos se encargaban de darnos una hostia cada vez que nos sentíamos orgullosos de hacer algo bien.

En fin, que pensando en la parte estudiantil, pues no demasiado bien, pero cambiaria todo por volver a esa época y por volver a vivirla, eso sí, sin cambiar absolutamente nada... bueno, sólo una cosa.

A+

R & Mc dijo...

Realmente el sano punto medio (en cuanto a instalaciones se refiere )entre donde estudió Skizo.o y donde estudiamos R y yo no se sabe donde para...por una parte tubimos la suerte de encontrar una escuela que hacía relativamente poco había sido inaugurada y por lo tanto el mobiliario era nuevo, por otra parte no tenía la esencia ni el espíritu que dejan las mentes creativas en escuelas más antiguas.
De los profesores salvo a algunos, como el incomparable Keith Adams o la que fué para mí la mejor profesora de proyectos,Petra...y de los compañeros decir que efectivamente pijos encubiertos, personajes que se creían artistas y estudiantes que iban a demostrar que eran los mejores, también estaban llenas aquellas aulas. Y es que a veces cuesta encontrar entre todos ellos a esos que se van a convertir sin duda en tus amigos para siempre, pero realmente cuando los encuentras, y puedes compartir con ellos esa etapa, resultan lo mejor que te has llevado de esos años. En mi caso, ahora mismo, R. justifica plenamente todos mis años de U.C.I.

MC.

R & Mc dijo...

Snif...

ILY

R.

Mr. J dijo...

Soys demasiado monos para ser reales, pero a veces me dan ganas de mataros a palos por envidia pura y dura.

pppfffff


Mr. J

pepitodelomo dijo...

Me despisto unas horas y me encuentro al personal en trance melancólico y descargando una brutal retahíla de recuerdos compartidos y contrastados.

La verdad es que me han venido muchos recuerdos porque compartí clase con MC y R. Destaco, sobre todo, esas clases de fotografía a última hora. En cuanto apagábamos la luz para el proceso de revelado podía pasar cualquier cosa: carreras, flexiones, risitas ahogadas, tocamientos, tae-kwondo... ¿A qué mente magistral se le ocurrio poner esa clase a última hora del viernes?
También recuerdo que algunas clases de proyectos eran interminaaaaaables. Se supone que eso se asemejaba a lo que nos íbamos a encontrar luego en el mundo laboral. Qué risa, Maria Luisa, menudo espejismo.

Yo me quedo, sin duda, con el gran feeling que sentí hacia mis compañeros de trabajo. Por mucho que atacaran desde el sector pijo o docente, nosotros teníamos nuestro rollo, nos valorábamos unos a otros. A la vista está, que casi todos seguimos en contacto, de uno u otro modo.

Nos has tocado la fibra MC...

SkiZ.o dijo...

Tengo que decir que a mí me hubiera gustado ver mucho más rigor en mi escuela. No sé si llegar al extremo U.C.I, pero algo más orientado al diseño, que era la especialidad que había escogido. En este aspecto, estoy de acuerdo con R. Las escuelas de Diseño no tienen porqué necesariamente ser talleres de arte. A veces es hasta contraproducente.

Por otro lado, también siento que todos íbamos "a nuestra bola". Yo no puedo decir que mantenga amigos de la Facultad, porque fueron completamente circunstanciales. Dependiendo de la especialidad, no había compañerismo alguno y sí mucha competitividad y clasismo. También tengo que decir que no "eché muchas raíces" en el lugar, porque los horarios universitarios no son adaptables si decides trabajar y seguir formándose fuera de las aulas, con lo cual la cantidad de amigos en las aulas se iba diluyendo más y más...

No me arrepiento, pero echo de menos no mantener apenas a nadie de mi vida estudiantil.

Trance melancólico.

:)

R & Mc dijo...

Jajaja... Me ha gustado esta frase, Pepito: 'Se supone que eso se asemejaba a lo que nos íbamos a encontrar luego en el mundo laboral. Qué risa, Maria Luisa, menudo espejismo'. Vamos... casi lo mismo que en el día a día. La clase de proyectos era, si no recuerdo mal, 9 horas semanales. UN proyecto único por trimestre. Eso significaba utilizar unas 100 horas para realizar proyectos simples, por ejemplo, de imagen corporativa, que en el día a día podrían llevar apenas 20, en el mejor de los casos.

Ayer pensaba en la mayoría de clases que dimos y creo que muchas, al juzgar por lo que he oído, han ido claramente perdiendo su función. Ejemplo claro: la clase de ilustración. Acabó convirtiéndose en clase de dibujo con el cambio de profesorado. Lógico en parte, dadas las grandes carencias que todos teníamos en técnicas y materiales pictóricos, pero claro... eso NO es ilustración. Las clases de ilustración reales eran las de Jaume Farrés, alias super-sensei, alias el maestro de la ilustración vectorial, donde el dibujo era una herramienta para la comunicación. Se trataba de USAR esos recursos con una función establecida: infografía sobre estadísticas, p.e., ilustrar un cuento... en fin, que uno podía ser un dubujante mediocre y sin embargo un ilustrador eficiente. Tienen que recuperar el rumbo.

Jo, en cierta manera añoro mucho las clases...

R.

R & Mc dijo...

Vaya Skiz.o has descrito perfectamente la sensación que tengo yo ahora que estoy estudiando de nuevo,en la universidad, aunque algo que no tiene nada que ver con el diseño. Todo el mundo va a su bola, a demostrar que sabe más que los demás sin darse cuenta de que si están ahí es para aprender y tampoco he echado raices ni conocido ni un compañer@, y eso que llevo unos tres años estudiando, sick!. Yo creo que simplemente no siento que tenga afinidades con ningun@, que en general no me vá el "buen rollo" falso que me llevan y que estoy mejor sin mezclarme mucho con ell@s.A veces se encuentran compañeros y aveces gente que estudia contigo.Es triste.

Pepe, yo de las clases de fotografia destaco la amena clase teórica (entre sueño y sueño ¿alguien se enteró de algo?).

Mr.J, te reto a que intentes a darle a R. con un palo, a vér si eres capaz de pillarle :-)

Me alegro de haber propiciado un pequeño y agradable viaje al pasado con este post. Siempre es interesante ver las cosas con distancia, darse cuenta de como las veías antes y como las ves ahora, con unos años más. Ese trance melancólico al que se refiere skiz.o y que nos deja un cosquilleo en la espalda y una sonrisa en los labios.Gracias por compartir vuestras experiencias :-D.

MC.

Raoh dijo...

Mis años de estudiante...

Del instituto es lo que mejor recuerdo tengo, y mis años de ciclo formativo no estuvieron tampoco nada mal. Pero cuando empecé la universidad...

No había visto tanto nivel de frikismo, sectarismo y competencia, tanto entre "compañeros" como en los profesores. Allí simplemente te hacían la vida imposible para que no pudieras progresar, y luego comentabas con otra gente que hacía otras carreras y no daban crédito lo que decías. Del lugar físico ya ni hablemos, pero contando que he estado en la jaula del Bullidor... Total, para acabar en la jaula del curro... No sé en qué evolucionado ^_^!

No hace falta decir que aún no he acabado, necesitaba un par de años sabático, y ahora vuelvo con fuerzas renovadas enfundado en mi cota de malla de mithril, mi escudo espartano y mi lanza zulú acompañado de Rey Negro para acabar con todos los zombis informáticos en esas instalaciones lovercraftnianas y poder tener el maligno título, ese trozo de papiro que no sirve absolutamente para nada, excepto para poder decir improperios bizarro-apocalípticos estilo El barón contra los Demonios.

Ya tá.

godsfork dijo...

ES curioso, ahora mismo estoy en una Escuela de Arte, pero no como alumno sino como profesor, aunque yo no tengo nada que ver con el arte sino con los idiomas. De todas formas tendré que ponerme las pilas para saber que quiere un alumno que estudia allí, ¿seré capaz de aportar algo?